UNA PEQUEÑA COSA AZUL
Caramba, el último post ha levantado ampollas. Antes de que los trolls empiecen a llamar a mi puerta, voy a hacer un par de aclaraciones, en atención a la susceptibilidad que algunos comentaristas han demostrado hacia el tema de la violencia machista.
Entiendo que mi retórica pro-emigración es desabrida y genera antipatía. Es lo que busco: reflejar con mi estilo la antipatía que me producen algunas situaciones del día a día español. Transmitir al lector mi asquete.
Ahora bien, confundir churras con merinas es un problema puntual de algunos lectores, no de mi estilo. Si yo digo que la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género no vale ni para limpiarse el culo, no debe deducirse de ello que yo esté en contra de tomar medidas para proteger a las víctimas de la violencia de género. Es más, si se piensa bien, significa todo lo contrario. Mis críticas a la ley las motiva precisamente la preocupación por el tema. Porque creo que la violencia sexista/machista/doméstica/de género es una vergüenza nacional y hay que tomar medidas serias para evitarla.
Medidas.
Serias.
Para evitarla.
No aumentar las penas de cárcel para los hombres que maltratan a sus mujeres. Eso no es una medida seria, ni contribuye a evitar la violencia machista. Eso es una burda jugada electoral para satisfacer a las mentes sin ganas de problemas. "Que se pudran en la cárcel" es una frase que puede resultar muy tranquilizadora para personas de ínfimo nivel cultural, y nulas ganas de aumentarlo. Pero alguien con dos dedos de frente, si piensa durante diez segundos, en seguida llegaría a la siguiente conclusión:
"Si fuera tan sencillo, ya se nos habría ocurrido antes".
En efecto: a grandes problemas, grandes soluciones. Porque cuando el 23 de enero del año pasado, recién terminado su desayuno, Arturo M.L. se levanta de la mesa, rocía la cara de su mujer Celia N.F. con gas para mecheros y le prende fuego, algo me dice que no estaba pensando "mierda, tenía que haber hecho esto hace cuatro años, que ahora con la nueva ley se me va a caer el pelo". Cuando la policía llegó a detenerle, él todavía estaba en pijama. Celia había denunciado a Arturo en 2001. Sin consecuencias. Todos los vecinos sabían que la insultaba constantemente. Sabían que era violento. Llevaban un año sin verle el pelo a Celia. Estaban seguros de que la tenía encerrada. Ninguno denunció nada.
El 14 de octubre de 2008, Manuel Herrera tomó una sierra radial, la enchufó y le hizo a su mujer Rosario G. cuatro cortes: en la cabeza, cuello, un brazo y una pierna. Previamente la había maniatado. Terminada la faena, se suicidó usando un destornillador eléctrico. Un manitas de cuidado. ¿Se suicidó quizá para evitar las terribles consecuencias penales de la 1/2004? Teniendo en cuenta que era Guardia Civil retirado, quizá las habría previsto de antemano. Aunque yo diría que le importaban un carajo. Tenía una orden de alejamiento de su mujer, y sin embargo vivían juntos.
Tampoco parecía muy amedrentado por la reforma del Código Penal Jaime Atilio Núñez, que ayer estranguló con sus propias manos a María Fernanda, su esposa y madre de un hijo de tres años. Hacía un mes que tenía una orden de alejamiento, pese a lo cual algunos vecinos aseguran que seguían viviendo juntos. Se les oía discutir con frecuencia. A ninguno de los vecinos se le ocurrió denunciarlo. Jaime Atilio, después del crimen, montó a su hijo en el coche, se lo llevó a casa de un familiar en Madrid... y se entregó tranquilamente a las autoridades.
Yo diría, pero a lo mejor me equivoco, que este tipo de criminal es un pelín refractario al miedo. Yo diría que cuando llega al punto de no retorno, le importan una mierda las consecuencias. Por eso me parece que aumentar las penas sólo es un gesto político de cara a la galería que no va a tener consecuencias positivas en los casos realmente conflictivos.
En mi anterior post, yo reproducía un fragmento de la L.O. 1/2004 y comentaba esto:
Las negritas son mías. Todo lo demás pertenece a la realidad.
Incluida la fecha: 28 de diciembre.
Gracias, España.
Y adiós.
Small Blue Thing ha dicho lo siguiente en los comentarios:
Tiene razón el pianista. Las muy putas se lo van buscando. Además, ¿a qué marido no se le escapa una hostieja de vez en cuando? ¡Ellas sí que maltratan, todo el día controlandoles!
Tras lo cual la invité cordialmente a disculparse por poner esas palabras en mi boca, so pena de no volver a publicar en este blog. Su respuesta:
Es tu blog, y puedes follarte mis comentarios cuando quieras. Lamentablemente, acabas de follarte también a las víctimas de la violencia machista.
Y más adelante:
Proteger a las víctimas te da razones para emigrar. Eso es equivaler a la complicidad, Pianista.
A pesar de la clara intención de tergiversar mis palabras, de la manía de poner en mi boca cosas que yo no he dicho, y a pesar de la provocación descarada que encierran los tacos y las pueriles acusaciones de complicidad, voy a intentar contestar con calma, en lugar de mandarla a la mierda, que es lo que haría habitualmente con cualquier troll o pseudo-troll coyuntural.
Sólo porque dice ser guionista. Bueno, y también porque dice ser perezosa, desorganizada, amiga del Caos, propensa a la ira y muy poco paciente. Es decir, que estamos de acuerdo en al menos cinco cosas, así que merece la pena intentar el entendimiento.
Proteger a las víctimas no me da razones para emigrar, Small Blue Thing. Proteger a las víctimas me parecería estupendo... sólo que esta ley no lo hace. La razón para emigrar es que se le venda la moto a la ciudadanía de que aumentar las penas equivale a proteger a las víctimas. La razón para emigrar es que se promulguen leyes contrarias a la Constitución. La razón para emigrar es que la ciudadanía sea tan fácil de engañar: La razón para emigrar es que haya personas dispuestas a encasillar como "cómplices" a los que, sencillamente, somos críticos con la ley (y no por su espíritu, sino por la forma chapucera en que está redactada). Es terrible. Especialmente cuando a esas personas se les presupone la capacidad de pensar antes de escribir, como ocurre con los guionistas.
Ya que te interesa la protección a las víctimas, Small Blue Thing, te diré cómo se consigue eso. Se consigue con una descomunal dotación económica a la Justicia, que permita centralizar las denuncias y, efectivamente, prevenir las agresiones. Pero eso el Gobierno no lo va a hacer. Porque eso no se traduce en votos. Ni siquiera en portadas de periódicos. El endurecimiento de las penas vende mejor.
Por mucho que te ofenda, Small Blue Thing, no hay ningún escándalo en que un hombre de izquierdas diga que la 1/2004 es anticonstitucional, y además una baratija política. El escándalo es que haya mujeres asesinadas por sus maridos después de haber presentado denuncias por agresión, y sin que dichas denuncias dieran lugar a diligencias. El escándalo es que haya guardias civiles que "olvidan" escribir los detalles más escabrosos al tomar declaración a una víctima. El escándalo es que haya policías que recomienden a las víctimas "lavar los trapos sucios en casa". El escándalo es que la protección a las víctimas que denuncian y que inician trámites de separación sea un fracaso completo. El escándalo es que se permita violar las órdenes de alejamiento. El escándalo es que prácticamente toda la ciudadanía ignore que no sólo la víctima puede denunciar a un agresor, basta con que cualquier ciudadano lo haga. El escándalo es que haya fiscales que ventilan los juicios rápidos sin hacer una sola pregunta a la víctima.
Y el mayor escándalo de todos es que haya ciudadanos adultos y con presunta educación capaces de pensar que la L.O. 1/2004, o la creación de un Ministerio de Igualdad, o la puntillosa paridad de sexos en el Gobierno, son respuestas dignas de un Gobierno de izquierdas a la lacra espantosa de la violencia machista.





El Teleoperador dijo
¡Ole y ole! Suscribo hasta los borradores de este texto. ¡Cierra los comentarios, coño, aquí no hay nada más que añadir!
(Oye, y que es leer Small Blue Thing e imaginarme una viagra...)
28 Mayo 2009 | 08:43 PM