CARAMELOS CON DROGA
Entre los iconos de acceso directo de mi portátil destacan estos:

Son los iconos de Movie Magic Screenwriter, Final Draft y OpenOffice, tres de los cuatro programas que uso para escribir. Hay un cuarto, que más adelante les diré. Pero definitivamente no es éste:
Por mucho que busquen en mi portátil, no encontrarán ese icono. A pesar de que es, de largo, el programa más utilizado por los guionistas españoles para el desempeño de su profesión.
Desde que empecé a ganarme la vida como guionista, he trabajado para bastantes productoras, y si no me falla la memoria, todas ellas piden los guiones en formato .doc, y todas ellas los editan e imprimen usando Microsoft Word.
Microsoft Word tiene la peculiaridad de ser el procesador de textos más caro del mundo. Y más difícil de comprar. Si ustedes van a la página oficial de Word en Microsoft y pulsan en “Comprar Ahora”, serán redirigidos a una página que les ofrece tres opciones: PC City, Carrefour Online y El Corte Inglés. En ninguno de los tres sitios se puede comprar Word. Únicamente se puede encargar la suite Office completa. La versión “Home and Student”, cuyo nombre lo dice todo, anda por los 99€. La “Standard”, la que tiene todo hijo de vecino, cuesta más de 500€. La “Profesional” pasa de 600€.
Eh, pero tiene muchas opciones. Puedes hacer hojas de cálculo. Presentaciones de diapositivas. ¡Bases de datos! Todas esas cosas que tanto necesita un guionista.
500€. ¿Acaso todos los guionistas se gastan ese pastizábal en comprar Word? No puedo hablar por todos los guionistas... pero qué demonios, voy a hacerlo: CLARO QUE NO. SE LO BAJAN DEL EMULE. O se lo baja un colega y le tuesta un cd. Y las productoras pequeñas, igual.
Reflexionemos por un instante.
¿Todos... o sea, TODOS los guionistas de España trabajan con Word, y ninguno... pero vamos, NINGUNO se lo ha comprado? ¿Y cientos de productoras están en las mismas?
¿Eso no es como decir que la industria audiovisual española necesita que Word esté pirateado y bien disponible si quiere seguir funcionando?
Caramba.
No voy a entrar otra vez en el tema de la mal llamada “piratería”, porque a nada que se tengan dos dedos de frente se comprenderá por qué Microsoft no es la principal abanderada de la lucha contra el P2P.
Bueno, venga... Para los que sólo gasten dedo y medio, lo explico: si se regala un software a millones de usuarios particulares, ese software se implanta de tal manera que al final las medianas y grandes empresas acaban poco menos que obligadas a comprarlo. Y es con las licencias que pagan las medianas y grandes empresas con las que se hace el negocio. ¿Recuerdan el mito de los caramelos con droga a la puerta del colegio? Pues a Bill Gates le inspiró el negocio de su vida.
Todo esto tenía un sentido en el mundo anterior al software libre. O sea, en el milenio pasado. Recuerdo bien aquella época: los dinosaurios poblaban la tierra. Si queríamos sobrevivir, debíamos aprender dos cosas: a quedarnos quietos cuando pasaba un T-Rex (ya que su visión se basa en el movimiento), y a tabular nuestros diálogos con Word.
Pero ¿qué sentido tiene en un mundo en el que existe OpenOffice? Compatible con todas las aplicaciones de la suite de Microsoft, disponible en descarga directa para Mac, PC y Linux... y gratis.
La vieja excusa “uso Word porque es lo que tiene todo el mundo” ya no sirve. OpenOffice también lo tiene todo el mundo. Legal y libremente distribuido. Sólo hay que descargárselo. Sólo hay que pensar un poquito.
Y no es precisamente la única alternativa a Word. Pinchen en el link y verán que hay muchas más (unas cuantas de ellas ni siquiera necesitan instalarse.)
Hay otra peculiaridad de esta profesión que me lleva sorprendiendo desde que empecé en ella: la enorme disparidad de plantillas que existe. Que yo recuerde, no hay dos productoras que usen la misma plantilla para sus guiones. Tampoco recuerdo ninguna que use una plantilla realmente ergonómica y económica: mayúsculas por todas partes, tabulaciones arbitrarias, sombreados... y negritas, venga negritas. Como si la tinta la regalasen.
Una consecuencia de ese exceso de opciones que proporcionan los procesadores de textos no específicos, como Word (y OpenOffice).
Digresión: el milenio pasado, en clase de Ética de B.U.P., nos enseñaron (a quedarnos quietos cuando pasa un T-Rex y) que la libertad no es la capacidad de elegir entre equis opciones dadas, sino la capacidad de crear tus propias opciones. Yo ampliaría la lección: tener demasiadas opciones es sinónimo de esclavitud. Fin de la digresión.
No me quiero ni imaginar lo que debe de ser para un actor esa multiplicidad de formatos. En cada serie, los nombres de personajes tienen una pinta distinta, las descripciones están en un sitio diferente de la página, el tipo de letra cambia...
Para un guionista, desde luego, es un coñazo. Cada vez que cambias de productora, tienes que acostumbrarte a otra galería de estilos. Aclaro que no soy un inútil con los ordenadores. Me apaño bastante bien. Lo primero que hago cuando me enfrento a una nueva plantilla es diseñarme mis propias macros. Control+1, Encabezamiento. Control+2, Descripción. Control+3, Nombre de Personaje... Esas cosas.
No es especialmente difícil. Y ahorra mucho tiempo. Pero jamás comprenderé por qué las productoras te siguen pidiendo que uses programas que les cuestan dinero, que te obligan a hacer estas bobadas, y que entre sus muchísimas opciones no tienen NINGUNA que sirva específicamente para hacer más sencilla la redacción o edición de guiones.
Los dos programas más usados en Estados Unidos por guionistas, productoras y estudios son Final Draft (229$) y Movie Magic Screenwriter (249$, con ofertas hasta 199$). Ambos se pueden comprar mediante descarga, pagando con tarjeta de crédito, en un proceso que dura menos de diez minutos. Y noten que los precios son en dólares. Al cambio, salen bastante más baratos.
Ambos formatean automáticamente el texto para darle aspecto de guión estándar. Ambos tienen atajos de teclado ya predefinidos para cada elemento de guión. Ambos pasan automáticamente del estilo Encabezamiento al estilo Descripción, y cosas así.
Y ambos ofrecen funcionalidades específicas para guión, como memorizar los nombres de los sets o los personajes, para no tener que teclearlos completos una y otra vez; o elaborar estadísticas sobre porcentaje de diálogo vs porcentaje de acción; o número de palabras que dice cada personaje... Esas cosas.
Screenwriter, además, forma parte de una suite de producción audiovisual (Movie Magic) que facilita mucho la vida al equipo de Producción, ya que importa automáticamente el texto del guión al programa que hace planes de rodaje, de manera que, en un click, uno sabe cuántos exteriores tiene, en cuántas escenas aparece Fulanito, o cuántas escenas se ruedan en un coche, por poner un ejemplo.
Con cierta frecuencia, salgo a comer o cenar con compañeros de profesión. En general, son personas inteligentes, amables y divertidas. Y es estupendo compartir con ellos las infinitas anécdotas del mundillo. Pero algún día deberíamos ponernos serios y preguntarnos:
- ¿Por qué seguimos trabajando en Word?
- ¿Por qué insistimos en formatear nuestros guiones a la buena de Dios?
- ¿Por qué criticamos la falta de una verdadera industria audiovisual, si nosotros mismos no nos comportamos como profesionales ni siquiera cuando escribimos nuestros propios guiones?
- ¿Por qué elegimos trabajar con programas no específicos, chapuceros y complicados de usar?
Supongo que las contestaciones más frecuentes serían:
- Porque Final Draft y Screenwriter no son ni gratuitos ni fácilmente descargables del eMule como Word.
- Porque tú puedes escribir con esos programas, pero si luego no los tiene nadie, no son prácticos. No puedes pedirle a todo el mundo que se los compre.
- Porque están en inglés.
Es decir, que haría falta un programa gratuito, en castellano, y que tenga “todo el mundo”. Pues si eso es lo único que hace falta, ahí está el cuarto icono que destaca entre mis accesos directos:
Celtx. El azote definitivo de los caramelos con droga:
- Gratis.
- En descarga directa.
- En castellano (y catalán).
- Compatible con Mac, PC y Linux. O sea, para todo el mundo.
Y ahora otra vez, para todos los compañeros y jefes: ¿por qué Word?




Phil Hartman dijo
Buenos días Pianista!
En primer lugar felicidades por el post. De todos los programas que dice yo me quedo con el Final Draft por su sencillez, aunque el Celtx es de obligada instalación. Para bajarte el final draft sólo has de ir a la web del programa, descargarte la demo legalmente y en emule pedir los cracks generators para él. Es sencillo y rápido, aunque si estás empezando casi mejor ir a por Celtx.
Otra cuestión: podría hablar también de los porcesos creativos con productores de por medio, o cómo crear una serie sin que te cueste un duro. Curiosamente es mi caso actual. Horas de escritura que se van a la basura por no estar dentro del tono, o por no seguir las reglas de la cadena en la que se va a emitir. Palos de ciego, oiga. Y uno se siente puta, guarreada por todos los laos y sin dignidad.
6 Marzo 2009 | 09:51 AM