La Coctelera

Tribulaciones de un guionista

22 Noviembre 2007

EL DESARROLLO

Acaban de invitarme a participar como script doctor en un importante taller de desarrollo de proyectos cinematográficos. Mi trabajo, a priori, será sencillo: recibir un tratamiento que envía una productora y/o un guionista; analizarlo en profundidad; y reunirme durante tres o cuatro días consecutivos con el guionista y el productor para ofrecerles mi punto de vista profesional sobre el desarrollo. Aclararles dudas, sugerirles formas de sacarle partido al material, avisarles de posibles problemas: tramas previsibles, personajes poco interesantes, estructuras fallidas...

Me pagarán bien; habrá proyectos a priori interesantes; y la iniciativa, sobre el papel, parece encomiable: proporcionar a guionistas y productores un análisis externo de sus contenidos, a un precio más que razonable.

Sin embargo, cada vez tengo más dudas sobre la verdadera utilidad de estos talleres. ¿Realmente sirven para implementar las capacidades del material argumental? Es decir, ¿ese material argumental realmente necesita una exploración en profundidad? ¿O simplemente necesita, en fin... ser escrito en forma de guión?

Por definición, en la fase del argumento hay aún muchas cuestiones por resolver, que quizá deban ser resueltas en la cabeza del guionista. En ese rincón oscuro y desconocido incluso para él, en el que se fraguan esos destellos que hacen única una película. No buena ni mala, sólo única.

Quizá haya temas que, simplemente, es mejor no tratar en voz alta durante la fase del argumento. Porque el ser humano, y aquí empiezo con la psicología de café, tiende a mostrarse correcto cuando se le piden statements. Mientras que en la intimidad de la creación artística, es más fácil mostrarse salvaje. Uno no se autocensura a la una y media de la madrugada, escribiendo en mitad de un silencio sepulcral. Pero a las 9.45 a.m., en una oficina de moqueta y fluorescentes, vestido y calzado y respetando pulcramente la prohibición de fumar... es mucho más fácil tomar decisiones convencionales, correctas, normales. Es mucho más fácil dejarse llevar por la peor de las tentaciones para un creador: la tentación de ser un buen chico, el vicio de hacer lo que uno cree que se espera de él.

Ésa es mi gran duda: ¿acaso estas miradas indiscretas, entomológicas, objetivas y frías como la de un tasador, no sirven sobre todo para estandarizar, para contener los bríos creativos y atarlos con las tranquilizadoras riendas de las estructuras clásicas? Es decir, independientemente de la calidad y la brillantez de las propuestas que surjan durante el taller, ¿no está todo el proceso teñido de la intención de controlar el material, de hacerlo inteligible? ¿No son, acaso, las ideas más moderadas las que suelen triunfar?

Y lo hacen, únicamente, porque son las más fácilmente expresables de manera dialéctica. Mi problema es que yo concibo el arte como un medio de expresar ideas no susceptibles de ser formuladas de manera lógica. De sacar a la luz dilemas morales que no pueden resolverse con la mera intervención de la dialéctica.

Es la diferencia entre Princesas y Sed de Mal, por hacer una comparación loca. Princesas trata de que las prostitutas también tienen su corazoncito. Es una idea tan simple y ramplona que ha dado lugar a una especie de telemovie de arte y ensayo: una mutación horripilante.

Sed de Mal, por su parte, plantea un interrogante muy complicado de contestar honestamente: ¿es realmente reprobable utilizar pruebas falsas para incriminar a un asesino que, de otra manera, escaparía impune?

Mi tesis es que Sed de Mal no sobreviviría a una sesión de desarrollo como éstas. Gracias a Dios, Princesas tampoco. Pero no nos quedemos en este ejemplo concreto. Lo que me preocupa es, por un lado, pensar que de este tipo de talleres puedan salir películas uniformadas, estandarizadas, con el traje planchado y el pelo bien cortado, todas igual. Y por otra parte, que esa corrección en la etiqueta sea confundida por la industria como una marca de calidad o, peor aún, de cierta garantía de éxito.

Porque así, poco a poco, se pierde el interés por encontrar el diamante en bruto, la película única, la aguja en el pajar. Y se considera un éxito el mero cumplimiento de una serie de normas básicas de la poética. Normas que, tal y como yo las entiendo, no por ciertas deberían considerarse más que un mero punto de partida, y desde luego nunca un fin en sí mismas.

Ojalá me equivoque.

servido por pianistaenunburdel 16 comentarios compártelo

16 comentarios · Escribe aquí tu comentario

ID

ID dijo

Yo no sé tampoco. Ojalá. En cualquier caso, su cuestionárselo aquí le ennoblece. Es usted un artista, copón.

22 Noviembre 2007 | 10:14 PM

qwerty

qwerty dijo

habría que tener un par de esas reflexiones tuyas al mes...
Diste en la diana...
saludín

22 Noviembre 2007 | 10:37 PM

Archer

Archer dijo

Dicen que el mundo no cambia, sino que es uno mismo el que tiene una nueva visión de las cosas. Yo abogo por que hagamos algo con esa nueva visión de las cosas y actuemos en consecuencia.
Quizás sea una buena oportunidad para -seguramente de un modo soterrado- dar más cabida a la creatividad desnuda que a clichés despintados.

Un beso.

22 Noviembre 2007 | 10:39 PM

Tusitala

Tusitala dijo

Yo creo en la utilidad de estos talleres si el tutor se los plantea como la posibilidad de proporcionar al guionista una mirada fresca desde fuera. Si eres certero con el análisis, pondrás sin acritud el dedo en la llaga que más le duele al guionista, y obtendrás un... "sí, yo también tenía esa duda". Ahí está la parte más interesante y socrática... conseguir que la otra persona llegue a sus propias conclusiones. Hay guionistas que trabajan en parejas, equipos, y tienen la oportunidad de exponer sus dudas en un clima de confianza. Otros pobres llevan sólos en su gruta meses dándole vueltas a una historia y no saben por dónde les da el aire. Por eso analizar al estructura, ver dónde decae el interés, si el personaje llega hasta el final de su arco dramático... ayuda mucho más que aportar soluciones o análisis enunciados como "lo que a mí no me gusta es..." El gusto y el riesgo que debe imperar es el del guionista.
El otro día me contaba una psiquiatra que al principio de ejercer estaba por no cobrar a la gente, ya que se limitaba a escuchar toda la sesión sin decir ni pío... hasta que descubrió que al final de esas sesiones la gente decía "No sabe lo que me ha ayudado usted" Y es que saber escuchar, escucha atenta lo llaman los psicólogos, es un magnífico camino para que la gente descubra por sí misma que ya tienen dentro la solución a muchos de sus problemas... incluídos los problemas en la escritura de guiones.

22 Noviembre 2007 | 11:09 PM

asdasdad

asdasdad dijo

No, no te creas. En el cara a cara entre dos personas, asi sea en la sede de la Onu tomando té, salen cosas, y pueden salir cosas salvajes. A mi entender (he hecho algún taller de estos) cosas más salvajes que en la autoindulgencia del escribir solo. Mételes caña, cuéstionalos, desafía sus puntos de vista, oblígalos a investigar hasta el fondo en los temas que abran, hasta que se vean obligados a plantearse cosas como la de Sed de Mal. La interacción humana uno a uno es muy potente, no la desperdicies (de acuerdo en que en grupo y en confesión publica no funciona así). por mi experiencia, lo que aportan estos cursos de desarrollo es coherencia, adultez y si el punto de partida del guion es bueno, muchas veces es lo único que hace falta. Tú ejerce de sereno y riguroso cuestionador, de chequeador de coherencias (no solo formales y de estructura: de fondo) y de afectuoso psicólogo un poco (el segundo día se te van a derrumbar) y te estarán agradecidos para siempre. Tú haz de espejo y confía en el uno a uno, que en el diálogo intimo hay cualquier cosa menos corrección política.

De acuerdo con la valoración lo de Princesas, pero yo creo que su flojedad es justo un ejemplo de autoindulgencia que debería haber pasado por un cuestionamiento serio con un profesional (repito, del fondo, no de la forma)

por cierto, qué taller es el que vas a tutorear?

22 Noviembre 2007 | 11:52 PM

Samuel Dalva

Samuel Dalva dijo

Duda hamletiana: comportarse como auditor[1] o como tutor[2].

[1] Normas, estándares.
[2] Mayéutica. Nosce te ipsum.

Suerte.

23 Noviembre 2007 | 01:23 AM

guionistabrillant

guionistabrillant dijo

haga el trabajo, pero no lo cobre. se sentirá bien. a ver si hay huevos.

23 Noviembre 2007 | 12:34 PM

vencido

vencido dijo

¿Acaso estas miradas indiscretas, entomológicas, objetivas y frías como la de un tasador, no sirven sobre todo para estandarizar, para contener los bríos creativos y atarlos con las tranquilizadoras riendas de las estructuras clásicas?

Sí, pero es necesario conocer (o más bien re-conocer) las reglas para saber por qué hay que romperlas. Y para saber cuáles hay que romper.

¿No son, acaso, las ideas más moderadas las que suelen triunfar?

Quizá en nuestro tiempo. Quizá aquí. En un sentido histórico la respuesta a esa pregunta es un rotundo y sonoro “no”.

23 Noviembre 2007 | 01:17 PM

chechar

chechar dijo

Muy bien visto lo de Sed de mal. Podríamos añadir en esa línea un buen puñado de películas de Hitchcock. Por ejemplo que los pajaros ataquen a la gente, es en sí mismo una chuminada no? Lo que cautiva es como está desarrollado.

Quien se tomaria en serio el diablo sobre ruedas sabiendo solo la sinopsis ?

23 Noviembre 2007 | 06:59 PM

UNADEMIEDO

UNADEMIEDO dijo

Mi experiencia con los talleres de guión es nefasta, y me fastidia decirlo. Participando en algunos he descubierto que algunas de las películas que más me gustan no habrían pasado, ya no el visto bueno del tutor, sino ni siquiera la primera fase de selección: Ni Tiburón, ni Chinatown, ni La cosa...

Haciendo un simil un poco bárbaro, es como los OTs y derivados. Se buscan cantantes modélicos (un buen chorro de voz, buena planta, dentadura perfecta, capacidad de baile a lo Chayane...); en un programa así no hay lugar para lo 'otro', es decir, para los Sabinas, los Serrats, (por poner cantantes que me gustan) o para el hip hop (por poner algo que no me gusta, pero que tampoco entraría).

No sé si flaquea la capacidad de riesgo o qué, pero por ahí van los tiros, creo.

24 Noviembre 2007 | 07:44 PM

el guionista desconocido

el guionista desconocido dijo

Es una duda más que razonable. Creo que la estandarización de los guiones es sólo uno de los peligros de los talleres de desarrollo de guiones, que a fin de cuentas son como cualquier otra herramienta de trabajo. que se puede utilizar bien o mal. Otras situaciones típicas del desarrollo:

Hay guionistas que llegan desesperados por gustar, y que en el fondo les da igual su historia y lo cambiarán todo si creen que así les van a dar el "aprobado".

Hay guionistas que acuden a estos talleres para que les digan que su guión es genial. Si no es así se enfadan, lo discuten todo hasta la extenuación, no cambian nada y cuando se van cuentan a todo el mundo que el tutor no tenía ni idea de lo que hablaba.

Hay guionistas, en cursos donde hay sesiones colectivas, que intentan ayudar a sus colegas criticando y sugiriendo cosas, y luego se dan cuenta de que nadie más se ha leído su guión y no reciben ningún feedback salvo del tutor. Y encima les miran mal por ir de listos.

Hay guionistas que descubren con horror el primer día que al tutor no le gusta su guión, no porque esté mejor o peor, sino porque no es "el tipo de cine" que le gusta, porque es de género, o por alguna razón personal imposible de adivinar, y le deja claro entre líneas que le va a hacer pasar un calvario.

Hay guionistas que, presionados por la situación, hacen caso al tutor y cambian su historia de arriba abajo, para a continuación recibir el reproche (a veces del mismo tutor que le ordenó tajantemente los cambios) de que se ha cargado lo que tenía de atractivo su guión.

En ocasiones esos guionistas reescriben la historia hasta volver a la primera versión, y entonces el tutor sonríe y le felicita por haber visto la luz gracias a él.

etc, etc, etc.

Contra lo que pudiera parecer, mi experiencia en los talleres de desarrollo de guiones ha sido muy buena.

25 Noviembre 2007 | 03:07 AM

bowman

bowman dijo

Es un trabajo parecido al que desempeña el tal Sanguer en su "empresa"... ¿no?
Si le da apuro, puede delegar en él. ;)

26 Noviembre 2007 | 08:28 AM

Pol

Pol dijo

Estupenda columna, Pianista.

Mi opinión es que casi cualquier historia que aspire a una financiación fluida va a tener que pasar por filtros de corrección política o estandarización, esté en tratamiento, guión o verso.

Esta realidad es el germen del cine independiente. Un ejemplo claro es "Los Cronocrímenes": en su caso los filtros estuvieron en las televisiones.

No sé: quizá sea mejor que el filtro esté mucho antes, en la fase de tratamiento.

26 Noviembre 2007 | 09:09 AM

Esquizofrenico

Esquizofrenico dijo

Dicen que cuatro ojos ven más que dos. Yo creo que cuatro ojos no ven más, simplemente ven diferente. No sé si ayudan mucho los análisis y las exploraciones de los argumentos. Y seguro que muchas grandes películas no hubiesen superado una mínima prueba de analisis. Supongo que ocurre lo mismo con los pitchings. Si algunas grandes obras tuvieran que depender de ellos, no existirían.

Por otro lado me gustaría ver cómo hubiese sido un pitching, primero, y un análisis de guión, después, de películas como por ejemplo "LAST DAYS" de Gus Van Sant. (Esto, PIANISTA, es pura curiosidad).

Sobre lo salvaje que se puede ser en un despacho, con moqueta, con la prohibición de no fumar y por la mañana, habría que preguntarle a Bill Clinton, que de eso, algo sabrá...

26 Noviembre 2007 | 10:12 AM

Alberto Q.

Alberto Q. dijo

Le veo poco optimista, señor Pianista.

Lo importante es que ud. brinde en dicho taller sus conocimientos. Alguna semillita quedará por ahí y alguien (seguro) que recogerá sus pequeños frutos.

Saludos

26 Noviembre 2007 | 06:57 PM

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No le digan a mi madre que trabajo de guionista. Ella cree que soy pianista en un burdel.







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