VALOREMOS EL TRABAJO DE LA DROGA Y SUS EFECTOS
Ahí va un postube, o sea: un post rápido tirando de un vídeo de YouTube. Con más de seiscientas mil visitas en pocas semanas, el Mensaje de Navidad 2012 del Rey de España es uno de esos fenómenos que hacen pensar en que la televisión, tal y como la conocemos, se va a ir a tomar por culo de aquí a nada.
Desconozco quién está detrás del vídeo, pero desde luego ya puede ir por ahí con la cabeza bien alta. Porque ha logrado aunar tres cosas que no tienen precio: el sentido de la oportunidad, la parodia y la sencillez.
Es obvio que el sentido de la oportunidad es una de las claves del éxito. Diez Minutos, el corto más premiado de la historia del cine español, llegó a la cumbre en ese aspecto. En realidad, era largo y tedioso. Debió haberse titulado Cinco Minutos, y haber prescindido de la sensiblería. Y del barroquismo visual, de paso. Pero, con todo y con eso, triunfó. Porque conectó, en el momento exacto, con la idea tácita, compartida por todo el Planeta Tierra, de que los servicios de Atención Telefónica de las compañías de móviles son la prueba irrefutable de la existencia de Satanás.
La parodia la aprecia mucha gente. Hasta los Borbones, que no han montado ningún pollo por la aparición del vídeo. Y es que hay pocas cosas tan ridículas como la solemnidad. De nuevo, volvamos al ejemplo de Diez Minutos. Una de las claves del odio que sentimos todos hacia los servicios de Atención Telefónica es su insoportable protocolo verbal, pijo y pretencioso hasta hacernos vomitar… O brillar con el humor.
Pero la simplicidad se considera pocas veces una virtud. Recuerdo a un jefe que tuve (éste no, otro), que insistía en que sería fácil mejorar el programa que yo realizaba. “Sólo tenéis que usar todos vuestros recursos”, decía. “Tenéis un control de realización con un montón de botones. Pero siempre usáis los mismos cinco o seis botones.”
No servía de nada explicarle al tipo que cantidad no equivale a calidad. En cuanto a Diez Minutos, es lo contrario la sencillez: una mínima anécdota alargada injustificablemente (el corto, agárrense, dura más de diez minutos); una realización ostentosa e impertinente; un actor famoso para un papel que pedía a gritos a un desconocido…
Y es que la mediocridad nunca se manifiesta con sencillez. Esa es una virtud reservada a los genios, que saben que las mejores esencias se usan en dosis mínimas. Que saben que lo breve, si bueno, dos veces bueno. Que siempre hace más ruido el que no tiene nada que decir. Que la grandilocuencia es el envoltorio de la mentira o el vacío. Y que la elipsis del final de North By Northwest le da quince mil vueltas a la de 2001, que es rebuscada y tontaina.
Como todo guionista de comedia sabe, para hacer reír hay que ser, ante todo, sencillo y directo. No hay nada más deprimente que un chiste alargado o explicado. Por eso los pedantes odian las comedias. Por eso las comedias no ganan Oscars ni Goyas. Por eso Torrente tuvo peores críticas que Obaba, a pesar de que no recuerdo a nadie que se durmiese viendo Torrente… Ni que aguantase despierto la mitad de Obaba. Y por eso, para quedar bien, hay que decir que el vídeo del Rey no es más que una chorradilla que circula por internet.
Pero yo creo que merece un aplauso. Es más, creo que son estas cosas las que deberían ganar el Notodofilmfest. El truco no es nuevo, y el objetivo tampoco. Pero ambos son encomiables: con una mínima elaboración, sin la menor intención de hacer un trampantojo, logra que la mayor solemnidad caiga en el más descacharrante de los ridículos… Sin aditivos ni colorantes.
Redondo.


Pacus dijo
Y además tiene toda la puta gracia.
Feliz año.
29 Diciembre 2006 | 11:02 PM