Categoría: SUPERVIVENCIA
11 Noviembre 2008
Me llega este email al buzón del lector:
Hola, Soy una guionista lectora anónima de tu blog, y me encontraba en la situación de tener a una productora debiéndome todas las facturas enviadas desde hace quince meses hasta hoy.
Ayer, después de muchos días de casi no dormir por unas entregas imposibles, sufrí un cortocircuito y mandé a la contable de la empresa un copia y pega de tu MANUAL DE SUPERVIVENCIA PARA GUIONISTAS / 16 con asunto: "espero que lo leas, es menos tiempo del que pierdo persiguiéndoos para que me paguéis" y apuntillando al final: "Espero que tú puedas reírte. Y que me pagues la semana que viene".
Lo pasó a su superior, que se puso en contacto conmigo, disculpándose (¡tres veces!) y anunciando una transferencia "entre hoy y mañana" que bien podía ser una nueva versión de "la semana que viene".
Pero no, gracias a ti hoy puedo confirmar en cuenta la transferencia pertinente. Así que gracias, no era el uso para el que lo escribiste, supongo. Debíamos sentir consuelo, supongo, en el mal de muchos y poder reírnos con ello. Pero consuela más y se ríe mejor con la transferencia en cuenta. ;)
Nada más, agradecerte otra vez por el mérito y por tu blog.
Pues no hay de qué. Al contrario, gracias a ti por la inyección de orgullo. Estoy que no sé si encargarme un traje de superhéroe o comprarme un florete y un antifaz.
servido por pianistaenunburdel
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5 Octubre 2008
Todo guionista profesional ha vivido el incómodo momento de llamar a un productor para recordarle que... en fin, que va siendo hora de pagar. Todos hemos tenido experiencias con productores que, a la hora de pagar, empiezan a... cómo decirlo... a renquear.
No estoy hablando de productores piratas que sugieren al guionista que trabaje sin cobrar. No hablo de bienintencionados productores primerizos que calculan mal la pasta y, en el momento de pagar, resulta que están sin blanca.
No. Es algo mucho peor.
Hablo de un productor con cierto curriculum, que ha firmado un contrato como Dios manda con el guionista y que tiene el dinero necesario para pagarle. Pero, a la hora de la verdad... renquea. No es que no tenga intención de pagar, es que... le cuesta aflojar.
Es el típico productor que, cuando organiza una reunión de desarrollo de guión, va posponiendo la hora de irse a comer, pensando que si la cosa termina a las tres y media, y no hay que volver por la tarde, igual se libra de apoquinar. El típico productor que, cuando hace viajar al guionista para una reunión, le pregunta si prefiere quedarse en casa de algún colega, a ver si hay suerte y se ahorra el hotel.
Cuando un productor entra en esa dinámica, suele disponer de una batería de excusas para evitar la más inefable de las vergüenzas, que para él sería decir a la cara al guionista, impasible el ademán:
PRODUCTOR RENQUEANTE
¿Te importa que retrasemos un poco el pago, que me viene fatal pagarte ahora?
Realmente, es una cuestión de hidalguía, porque nueve de cada diez guionistas de este país agacharían la cabeza, sonrojándose, y balbucearían algo parecido a:
GUIONISTA
Buenocomotúveas...
Pero en la mente de este tipo de productor no tiene cabida pedir algo por favor cuando puede, sencillamente, agarrarlo. Como dice el viejo chiste, ¿para qué vamos a discutir si podemos arreglarlo a hostias?
De manera que el rol que acaba adoptando un guionista bienintencionado ante un productor renqueante se parece bastante al del cobrador del frac. Es humillante y descorazonador. Aunque realmente, el problema es sólo de tiempo -el productor renqueante suele acabar pagando- en el proceso se puede llegar a pasar mal. Porque los guionistas, malditos seamos, tenemos vicios incorregibles que, como todos los vicios, cuestan un dineral: nos gusta comer tres veces al día, dormir sobre colchón y bajo techo. Algunos, especialmente ambiciosos, nos creemos incluso con el derecho de formar familias. Y algunos blasfemos incluso pretendemos tener -Dios perdone mi lengua pecadora- VACACIONES.
A continuación, y para mitigar (o al menos prever) el sufrimiento de guionistas y otros clientes de productoras, el Pianista en un Burdel pasa a listar el Top 5 de las excusas (léase trucos) más usadas por el productor español a la hora de renquear en los pagos:
5. Había un error en la factura. El IVA estaba mal puesto, el CIF tenía una errata, las dietas no cuadraban con los tickets... Cualquier cosa. El truco consiste en no darle importancia al hecho de que el productor no avisó de que había ese error cuando lo vio. Sencillamente, se le pasó.
4. No me ha llegado la factura. Este truco lo conocemos todos. Está en la línea del "he cambiado de móvil y he perdido tu número" o del legendario "yo había hecho los deberes, pero se los ha comido el perro". Tiene miles de variantes: problemas en el servidor de email; inundación en la oficina; esta secretaria mía qué despistada es, un día va a haber que despedirla...
3. Todavía no me han activado la póliza de crédito. El truco consiste en darse importancia con la jerga y la especificidad. El subtexto es: sí, nuestro contrato dice que te debería haber pagado hace seis semanas, pero ¿te has fijado en lo mayor e importante que soy? Yo ando por ahí activando pólizas de crédito mientras tú juegas con el Final Draft. Deja de molestar.
2. Eso tienes que hablarlo con Conchi. Enésima variante del clásico español "eso es en la otra ventanilla" o el inmortal "vigila aquí hasta que pase un gamusino". Normalmente, la empresa de un productor español renqueante tiene un organigrama muy básico. El truco, en este caso, es fingir que la estructura es tan grande y compleja que si una factura se traspapela, resultaría normal tardar en cobrar. Ni que decir tiene que Conchi es imposible de localizar. O está de baja un par de días, o no puede ponerse, o acaba de salir a tomar café. ¿Hace falta aclarar que Conchi ni siquiera existe?
Hagamos una pausa. Antes de presentarles al ganador, al campeonísimo de los trucos, debo aclarar que la verdadera genialidad de todas estas excusas consiste en no preocuparse lo más mínimo por su manifiesta falsedad. Cuando un mago mete a un tipo del público en una caja y lo hace desaparecer, todo el mundo sabe que no ha desaparecido de verdad. Todos sabemos que se trata de un truco. Pero si se hace bien, y con mucho morro, todos disfrutamos del proceso.
De acuerdo. Con todos ustedes, el truco de los trucos:
1.
Te pago la semana que viene. Sólo eso. No hace falta más. Cada vez que un guionista reclama el pago, el productor contesta "la semana que viene". Parece demasiado fácil, lo sé. Pero en su sencillez está la clave. Hace tiempo, en un proyecto en el que yo trabajaba, el productor empezó a renquear. Cuando le reclamé el dinero, me soltó lo de "la semana que viene". Yo, que no conocía El Gran Truco, me lo creí.
Veinte días después, aún no había cobrado. Así que decidí hablar con uno de sus coproductores, para que hiciese de intermediario. El coproductor habló con el productor renqueante y esto fue lo que pasó:
COPRODUCTOR
Oye, que me dice el guionista
que todavía no ha cobrado.
PRODUCTOR RENQUEANTE
(Indignado)
¡Pero si ya he hablado con él y le he dicho
que le pago la semana que viene!
¿Comprenden? Eso es exactamente lo que me había dicho. "La semana que viene".
Para el común de los mortales, esa expresión significa la semana que viene inmediatamente después de ésta. Pero el productor español no ha dicho eso. Sólo ha dicho "la semana que viene". No ha dicho qué semana, ni tampoco cuándo viene.
En otras palabras: Who's on first?
servido por pianistaenunburdel
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26 Septiembre 2008
Chico Santamano se ha desmarcado con un post imprescindible sobre los contratos de guionista, que ya me gustaría haber hecho yo antes. Pero no pasa nada, el orgullo para los nobles: lo hago después y listo.
Como ya tengo una edad, y no me gusta andarme con el bolo colgando, hace años que presento todos mis contratos a la supervisión de un abogado especializado, quien me advierte con gran perspicacia de qué falta y qué sobra en cada contrato, y me salva de graves meteduras de pata.
Durante las supervisiones que mi abogado ha hecho de mis contratos, he aprendido algunas cosas, y se me han ocurrido posibles cláusulas que intentaré incluir en futuros contratos. Nada más lejos de mi intención que hacerme el entendido en literatura jurídica. Mi lema para casi cualquier situación es "dejad que los especialistas se hagan cargo", y en lo tocante a contratos, lo tengo claro: hay que recurrir a un abogado. Sin embargo, me molesta que hablar de dinero y de contratos sea un tabú en nuestra profesión, y por eso quiero comentar algunas de mis impresiones al respecto. No se trata de iniciar una sesuda reflexión sobre jurisprudencia audiovisual. Al contrario, sólo quiero anotar algunas de mis manías.
El tema da para mucho, así que probablemente, como Chico Santamano, haré varias entregas (o no), procurando ser breve en cada una. En esta primera, empezaré por lo más importante: el dinero.
Hace unos años, tuve un pequeño contencioso con un productor por una cuestión de pagos. (De hecho, los únicos problemas que he tenido con productores en toda mi carrera han sido a la hora de cobrar.) Esto es lo que decía nuestro contrato:
CONTRAPRESTACIÓN
Como contraprestación por llevar a cabo los trabajos citados en este contrato, y por la cesión de los derechos establecida en el mismo, el GUIONISTA percibirá la cantidad total bruta de XXXXXX EUROS (XX.XXX €), que se verá afectada por los impuestos y retenciones que legalmente resulten aplicables,previa presentación de la correspondiente factura extendida de conformidad con la legislación fiscal vigente. Dicha cantidad será abonada de la siguiente forma:
a) XXXXXX EUROS (X.XXX €) a la firma de este contrato.
b) XXXXXX EUROS (XX.XXX €), en el momento de la entrega de los trabajos a realizar durante la FASE 1 (tratamiento).
c) XXXXXX EUROS (XX.XXX €), en el momento de la entrega de los trabajos a realizar durante la FASE 2 (guión).
Con el apartado a) no hubo problema. Le pasé una factura y me hizo una transferencia. Pero cuando le pasé la factura del apartado b), de repente dijo que me enviaría un cheque.
Éste es el tipo de detallitos que conviene incluir en un contrato para hacerle a uno la vida más fácil. Porque la Ley de Murphy dice que el productor nunca tendrá el mismo banco que nosotros. Y si alguna vez han ingresado en su cuenta un cheque de una entidad distinta a la suya, sabrán que hay unas comisiones que le dejan a uno temblando. No me interpreten mal, no me quita el sueño pagar una comisión de 15€ cuando me están ingresando XX.XXX€, pero en mi lista de pecados capitales, uno de los primeros sería regalarle dinero a un banco. Ni 15 céntimos, vaya.
Incluso aunque Murphy anduviera despistado, y el productor tenga cuenta en nuestro mismo banco, un cheque no deja de ser un engorro. Hay que ir con él al banco, y eso implica -horror- vestirse. Salir de casa en horarios de oficina. Esperar colas. Me estoy mareando.
La primera de mis manías, que intentaré reflejar en mis siguientes contratos, sería: en el apartado de pagos, no basta con consignar las cantidades y las fechas de pago. Hay que especificar también que el pago se realizará mediante transferencia bancaria.
Otro consejo sobre el pago, y esto no es una manía, sino un matiz fundamental, es especificar sin género de dudas que el pago se realiza a la entrega del material. Algunos productores pueden intentar que la cláusula diga "en el momento de la aprobación por parte de la productora". No cedan. Es un truco para demorar el pago. Si al productor no le gusta lo que hemos escrito, siempre puede mandarnos reescribirlo (por norma general, se suelen contratar dos versiones adicionales de tratamiento y otras dos de guión, aparte del first draft). O, a malas, puede despedirnos. Pero el trabajo está hecho, y hay que cobrarlo. A ningún productor se le ocurriría decirle a un director de fotografía "este plano no tiene contraste, te quedas sin cobrar".
Para finalizar, es fundamental, imprescindible, asegurarse métodos legales para obligar al productor a pagar. Recuerden lo que se decía en la anterior entrada: los productores tienden a renquear. Para ilustrar el consejo, les copio una cláusula perteneciente uno de mis contratos, y que se parece mucho a la que cita Chico Santamano en su post:
El impago de cualquiera de las cantidades precitadas dará lugar a la resolución del contrato, bastando para ello el requerimiento fehaciente de pago por el GUIONISTA al domicilio de LA PRODUCTORA que figura en el encabezamiento del presente contrato y el transcurso de una semana adicional sin que se produzca el pago. En tal caso, EL GUIONISTA recuperará los derechos cedidos sin obligación de reintegrar las cantidades percibidas.
Puede que esto les suene muy contundente. No es un soneto de Garcilaso, cierto. Pero tampoco pretende enamorar a nadie. Es un contrato. No tiene que ser amable. Tiene que ser fiable. Tiene que garantizarle a uno las habichuelas.
David Mamet, que de estas cosas sabe algo, dice en su libro "Escrito en Restaurantes" una verdad digna de ser enseñada en todas las escuelas de cine: los productores suelen juzgar los favores recibidos como muestras de despreciable debilidad.
O sea, que a la hora de cobrar, pocas bromas. Nada de demorar los pagos, y nada de hacer versiones gratis. En este negocio, añade Mamet, el valor de una cosa es idéntico a su precio. Así que si quieren ganarse el respeto de un productor, ya saben la fórmula:
Continuará (si eso).
P.S. Sí, Chico, te estoy plagiando, ¿qué pasa? Yo tenía un blog de guión antes que tú. Yo he visto cosas que tú no creerías. Así es la vida.
servido por pianistaenunburdel
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6 Diciembre 2007
(Estaba tentado de titular este post con otro juego de palabras barato, a ver qué decía Nacho Faerna. Pero me voy a cortar.)
Aclaremos un par de cosas, antes de nada: el sábado pasado me la envainé y acudí a la reunión de ALMA. Y estuvo más que bien. La directiva ofreció una encomiable mezcla de autocrítica, ideas claras y ambiciones realistas, que me hace arrepentirme en parte de haber sido tan cañero en el post de la semana pasada. Para los comentaristas con ínfulas de reporteros del Tomate, debo aclarar que Mr. Faerna y un servidor se estrecharon la mano cordialmente al comienzo de la reunión, y que no hubo enfrentamiento ninguno.
Al contrario. El acto transcurrió con fluidez y buen tono. Todo el que quiso tomó la palabra, todas las opiniones fueron escuchadas (para bien o para mal), y nadie fue abucheado. Ni siquiera yo.
El novato que me acompañaba estaba sorprendido de la cordialidad reinante. Le fascinaba el hecho de que tanta gente pudiera llenar un cine y escucharse mutuamente... sin micrófonos. A mí no me sorprendía, porque no era la primera asamblea de ALMA a la que acudía. Y porque sé que los guionistas, como mínimo, sabemos escuchar. (Es cierto que la semana pasada vaticiné que se iba a montar un pollo. Pero fue llegar a la Filmoteca y comprobar que me había equivocado. Total, ¿a quién le importan las protestas de unos cuantos guionistas?)
Lo que sí me sorprendió, y muy gratamente, fue que los asistentes llenásemos la Sala 1 del Doré. Estas cosas solían ser en la Sala 2, mucho más reducida. Pero me da a mí que a partir de ahora siempre serán en la grande. Y, con un poco de suerte, habrá gente que se quede de pie, como el sábado. Teniendo en cuenta que la sala tiene más de 300 butacas, es probable que, dentro de poco, las protestas de los guionistas empiecen a importarle a mucha gente.
Porque para mí, lo más representativo de lo ocurrido el sábado no pasó durante la reunión, sino al final: las colas de guionistas esperando para solicitar la afiliación eran realmente significativas. Muchos, muchísimos guionistas no sabían hasta ahora que había una asociación que les proporciona, entre otras cosas, la ayuda de un abogado. Por el precio de la cuota de socio, Tomás Rosón te asesora, te lee los contratos, y te los edita con recomendaciones sobre qué quitar y qué añadir. Hace años que yo no firmo nada que no haya revisado antes Tomás. Pero para eso hay que saberlo. Y, como admitieron algunos de los representantes de ALMA, el sindicato se ha publicitado poco y mal. Entre otras cosas, no ha sabido dejar claro que ALMA no es igual a DAMA. Hay muchos, muchísimos guionistas que no se han hecho socios de ALMA porque creen que, siendo de SGAE, no se puede. Vamos a intentar acabar con la confusión:
ALMA es un sindicato, una asociación profesional. SGAE y DAMA son entidades de gestión de derechos. Nada que ver.
Se puede ser socio de SGAE y de ALMA a la vez.
Yo soy socio de SGAE y de ALMA.
Hay socios de SGAE en la directiva de ALMA.
¿Ha quedado claro? Pues hala, vayan a hacerse socios de ALMA de una puñetera vez. Diez euros al mes, no me jodan. No sigan leyendo esto, escriban un email a alma@asociacionalma.es y dejen que les mejoren su vida.
Siguiendo con la reunión: se discutieron ideas interesantes, como la posibilidad de un convenio colectivo; la creación de un registro de guiones para afiliados; la conveniencia de revisar las bases de muchos concursos; la indignidad de algunas pruebas de guionistas... Y se dieron a conocer algunos de los avances de la asociación: al parecer, han conseguido incorporar a la futura Ley de Cine (ahora tramitándose en el Senado) una disposición que prohíbe subvencionar a productores que tengan deudas con guionistas.
Pero todas las propuestas acababan con una reflexión: el sindicato necesita más afiliados. (¿Por qué siguen leyendo, coño? ¡Vayan a hacerse socios YA!) Reconozco que me equivocaba la semana pasada cuando me quejaba de que la reunión fuese abierta. Quizá no fuese una buena idea redactar una convocatoria tan beligerante, pero desde luego fue una idea brillante hacerla abierta a los no afiliados. Porque la fuerza del sindicato depende de su representatividad dentro del sector. Hasta el sábado, apenas era representativo. A partir de ahora, se prevé que las afiliaciones se duplicarán.
Y muchos socios nos hemos dado cuenta de que estábamos durmiéndonos en los laureles. Está bien ser críticos con el sindicato, pero también hay que ser activos. Yo creía que era un buen apóstol –en clases, en foros, en los bares y aquí en el blog siempre recomiendo hacerse socio de ALMA-, pero el sábado me di cuenta de que había colegas muy cercanos aún sin afiliar. (Hola, Ángela; hola, Darwinista: bienvenidos a ALMA). Tenemos que ponernos las pilas, y explicar las ventajas que tiene sindicarse. La primera de todas, la capacidad negociadora que tiene un sindicato fuerte. Y no vale esperar a que el sindicato sea fuerte para afiliarse. El truco consiste en afiliarse para hacerlo fuerte.
Pues eso. Ya no hay más que leer. Se han quedado sin excusas. Háganse socios o revienten.
ALMA
alma@asociacionalma.es
Teléfono: 915212339
Dirección: C/ Marqués de Valdeiglesias 6, 2ºA, Madrid
servido por pianistaenunburdel
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4 Noviembre 2007
Para llegar a tener una carrera más o menos satisfactoria, entre otras muchas cosas, hay que saber elegir: entre reescribir y vaguear; entre respetar las críticas ajenas o repelerlas con andanadas de frases "es que"; entre replantearse una y otra vez cada idea, o ir de sobrado por la vida...
También hay que saber elegir cuando un trabajo se acaba, el teléfono deja de sonar, y parece que uno ha dejado de existir (cosa que, tarde o temprano, le pasa a TODO guionista y que, por sí sola, justifica la necesidad de ahorrar). En ese momento hay que elegir entre quedarse junto al teléfono como un patético, o romper el cerdito y tomarse unas vacaciones. O sea, elegir entre casa rural, playa solitaria o capital cosmopolita.
Habrá otros momentos en que el teléfono no pare de sonar. Uno recibe una oferta cada dos o tres días, todas interesantísimas, y casi todas incompatibles. (Por cierto, yo estoy en uno de esos momentos, así que gracias a todos los que hacéis sonar mi teléfono. Ojalá no tuviese que elegir.) Para tomar una decisión en uno momentos así, hay que atender a tres criterios:
· Afinidad con el proyecto: ¿Me apetece? ¿Me gusta el material? ¿Sabré escribir esto? ¿Sabré hacerlo atractivo?
· Viabilidad comercial: ¿Se llegará a rodar? ¿Se llegará a estrenar? ¿Sabrán Producción y Dirección tratar el material adecuadamente?
· Condiciones de trabajo/remuneración: ¿Podré trabajar en pijama o me tendrán yendo y viniendo todo el día? ¿Cuántos meses voy a estar liado con esto? ¿Cuánto me van a pagar? ¿Qué hay de las pequeñas gabelas?
Si unos trabajos interfieren con otros, habrá que atender también al criterio de Fidelidad: ¿Podré compaginarlos bien? O, en caso contrario, ¿podré irme de mi trabajo anterior sin causar graves problemas?
Dado que muchos de los noveles que me leen creían que sus problemas acaban cuando encuentran trabajo, imagino que algunos de ellos estarán pensando "coño, qué complicado".
Pues les he contado las decisiones fáciles.
Las difíciles vienen ahora.
Y no son profesionales.
Lo más complicado de cara a la vida profesional de un guionista es elegir pareja.
Sí, pareja.
La de guionista es una profesión jodida. Uno nunca sabe muy bien de dónde salen las ideas geniales; por qué unos días está inspirado y otros no; ni si un día se levantará habiendo perdido definitivamente el talento o las ganas. Todas esas inseguridades nos convierten en seres temblorosos, irritables y, frecuentemente, con propensión al catarrazo.
Como, además, muchos de nosotros trabajamos mayormente en casa, descalzos o empijamados; y en una tarea fundamentalmente solitaria, resulta que en períodos de mucho trabajo tendemos, para más inri, a desarrollar un carácter huraño y asilvestrado.
¿Creen que hay muchas personas dispuestas a soportar eso de su pareja?
Puede que al principio sí, pero al cabo de unos pocos años, quizá no sea lo mismo. Lo que parecían graciosas excentricidades pueden convertirse en manías insoportables. Esa envidiable libertad de horarios a veces nos transforma en tipos caóticos, inaccesibles, que insisten en trabajar noches o fines de semana, y holgazanear en las mañanas laborables; tipos inútiles que nunca están disponibles para comer con la suegra o llevar el coche a la ITV.
He perdido la cuenta de los compañeros y compañeras de profesión que han tenido un fracaso matrimonial, o al menos que han tenido que enfrenterse a un ultimátum conyugal. Un ultimatum del tipo "si vas a trabajar este fin de semana, no te molestes en volver". Y es que es casi imposible compatibilizar la anti-rutina de un guionista con la de un funcionario, un empleado de banco o cualquier otro nine-to-fiver.
Por eso mi consejo es más o menos el siguiente (y creo que vale no sólo para guionistas, sino también para directores, actores, operadores y otros seres anti-horarios): búscate una pareja con más aspiraciones creativas que materiales. Alguien que sea capaz de entender la pulsión que te mantiene una noche en vela porque un diálogo no acaba de estar perfecto; a aceptar un trabajo de mierda en el culo del mundo porque tiene pinta de ir a quedar muy bien; a pasarte todos los puentes del año y la mitad de las vacaciones rodando cortos por media España porque, lisa y llanamente, te pone.
Les deseo suerte.
Yo la tuve.
servido por pianistaenunburdel
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19 Octubre 2007
Tengo un allegado que acaba de aterrizar en esto de los guiones de televisión. Bueno, ya había hecho sus cosas, pero lo que es en ficción, está prácticamente estrenándose. Así que ahí van unos cuantos consejos a voleo para el muchacho:
-En esta profesión todo el mundo se conoce.
T-O-D-O E-L M-U-N-D-O.
Así que ojo con lo que vas soltando por ahí. Todos estamos de acuerdo en que Fulanito es un enchufado y Menganita una inútil, pero hemos hecho un Pacto Secreto para no andar metiendo cizaña. No es cuestión de hipocresía, sino de vivir más cómodos. Sonría, por favor.
-Nunca critiques la ortografía de un guión ajeno. La ortografía no es filmable, y no tiene la menor relación con el talento dramático y cómico.
-Vivirás un montón de sinsabores. Cada vez que haya uno, echa un vistazo a la cláusula de tu contrato en la que dice cuánto cobras, y valora si vale la pena aguantarlos.
-Tendrás que hacer muchas correcciones. Aunque sean pocas, a ti te parecerán muchas más de las que tus guiones necesitan. Y sí, hay una razón para cada una de ellas. Es un verdadero coñazo, pero recuerda: los mineros no reescriben. ¿A que no prefieres ser minero?
-Sí, todos tenemos la sensación de que, en realidad, no valemos para esto. De que cualquier día alguien te pillará: descubrirá que no tienes gracia ni talento, y la carroza se habrá convertido en calabaza así, de repente. En realidad, eso nunca ocurre. Pero por alguna razón, saber que nunca ocurre no te quita el miedo. Tranquilo: ese miedo es buen síntoma. Sólo los imbéciles están seguros de tener talento.
-Hazte socio de ALMA. Ya. No sigas leyendo este post. Corre a Marqués de Valdeiglesias 6, 2ºA; o agarra el teléfono y llama al 915212339. O escribe a alma@asociacionalma.es
-Repasa cada cosa que escribas. Y cuando reescribas, procura quitar más que poner.
-Procura ver la serie en emisión. A veces resulta descorazonador, pero siempre es útil. Verás quién dice mejor tus frases, y quién es incapaz de decir una subordinada. Verás qué situaciones funcionan, y cuáles no. Y si eres listo, en vez de deprimirte, usarás lo que veas para mejorar.
-Infórmate de lo que se hace por ahí. Echa un vistazo a otras series. SÍ, ESPAÑOLAS TAMBIÉN. Todos sabemos que Californication es mejor que El Síndrome de Ulises. Pero Californication está a años luz de lo que somos capaces de hacer aquí. Y Ulises... Bueno, está dando de comer a gente que se parece mucho a ti.
-Comprobarás que la mayor parte de la gente que curra en esto tiene talento y ganas de hacer las cosas bien. Por el camino, toda esa energía positiva va sufriendo recortes hasta que llega a ser lo que vemos en pantalla, pero no hagas como los trolls de este blog: critica al sistema si quieres, pero no a los trabajadores. Ellos sufren el sistema tanto como tú.
-Ahorra. En serio.
servido por pianistaenunburdel
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9 Agosto 2007
26 Julio 2007
La semana pasada estuve en Córdoba, aprovechando que el sábado se celebraba el Mercado Itinerante de Guión: un puñado de elegidos tuvieron la oportunidad de presentar sus proyectos de guión ante una importante representación de productores. Estuvieron presentes Marta Artica (desarrollo de Lolafilms), Marisa Fernández (desarrollo de Mediapro), Jordi Gasull (vicepresidente de Columbia), y Guillem Vidal-Folch (producción de Sogecine), entre muchos otros.
Me consta que algunos de los guionistas que acudieron a realizar su pitching tenían la secreta esperanza de vender sus guiones allí. El mismo sábado, en Córdoba. Pensaban que, como Harvey Weinstein en Sundance, alguno de los productores presentes le acorralaría en la habitación de un lujoso hotel y le obligaría a firmar un contrato. Una perversa fantasía sexual. Llámame puta, estaban deseando decir.
Pajas aparte, en la mesa redonda del viernes por la tarde, los productores dejaron claro cómo está el percal: Lolafilms y Mediapro no aceptan guiones, y Sogecine sólo argumentos. Pero Guillem Vidal-Folch advierte que, en todos los años que lleva trabajando en Sogecine, no ha visto producirse ni una sola película procedente de un guión no solicitado. Lo mismo ocurre en Mediapro. En cuanto a Lola, sólo lo hizo una vez: el resultado fue Tuno Negro. Curiosamente, fue la película española más taquillera de su año, pero no por ello ha cuajado el ejemplo. Ojo al dato: tres de las mayores productoras del país sólo han producido UNA película sobre un guión no solicitado.
El dato es desolador, pero no afilen aún sus cuchillos. Todo tiene una explicación. Y si bien no hay una solución clara (nunca hay una equis marcando el lugar, que diría Indy), sí que hay algunas pistas para comprender el problema y enfrentarlo.
Hay que tener en cuenta varios factores: por un lado, la capacidad productiva de las empresas es muy reducida. La productora más grande y más prolífica no hace, en ningún caso, más de cinco películas al año. Y no todos los años. Por otro lado, es obvio que la calidad y/o viabilidad de esos guiones no solicitados es, en general, menor que la de guiones de profesionales. Pero hay un tercer factor: y es que nadie quiere dirigir de encargo.
Nadie.
A algunos de los representantes se les veía hasta cabreados con el asunto: habían leído todos esos guiones, la mayoría malísimos; habían encontrado alguno que merecía la pena; habían contactado con el autor y le habían contratado para desarrollar el guión, reescribir aquí y allá, dejar listo para producir; y entonces habían empezado a buscar director. Y nadie –NADIE- quería dirigirlo. Ni siquiera pudiendo reescribir las partes que no le gustasen. Ni siquiera con total libertad creativa. Prefiero dedicarme a mi proyecto, dicen los directores. Incluso cuando no tienen proyecto.
Tienen tan claro que son ellos quienes atraen el interés de las productoras, que se tiran el órdago de rechazar una buena oferta, con un buen guión, a cambio de convertirse en el auteur total, el que se lleva el 75% de la recaudación por derechos de autor.
La conclusión está clara, y nos lo decía hace poco Antonio Trashorras en el Manual de Supervivencia: un guionista necesita asociarse a un director para sobrevivir en el mercado. En España, el primer activo de una producción nunca es el guión, sino el director. De hecho, comentaban los productores en Córdoba, más de un guionista se ha metido a director por pura desesperación.
De manera que, antes de ponerse a imprimir, encuadernar y enviar copias de su guión por las productoras de este gran país, tengan bien en mente que hay una posibilidad contra mil de que lleguen a venderlo. Intenten antes atraer la atención de un director.
¿Significa esto que los que hayan acudido al MIG a presentar un proyecto sin director han perdido el tiempo y el dinero? No exactamente.
Por un lado, la situación podría cambiar. Es un hecho que hay crisis, y no parece que el cine de autor sea la solución. Quizá, de tanta escuela de cine, tanta serie de televisión y tanto concurso de cortos, poco a poco vaya saliendo una nueva generación de directores profesionales, con más talento que ego.
En segundo lugar, uno no sólo va a estos sitios a vender un proyecto, sino a venderse a sí mismo. Un buen pitching es una demostración de talento. Y los productores necesitan talento. Muchos de esos directores que quieren dedicarse a “su proyecto” necesitarán un guionista profesional que lo escriba, o co-escriba, de encargo. Así que nunca está de más aprovechar la oportunidad de demostrarle a cuatro de las mayores productoras de España lo bueno que es uno.
En tercer lugar, pero no menos importante, el patio de la Filmoteca de Córdoba fue un buen sitio para el networking. Algún que otro guionista que no había sido seleccionado para el pitching, fue lo bastante despierto como para ir de productor en productor presentándose, y comentando muy brevemente que tenía un proyecto que le gustaría someter a su consideración. Todos se mostraron abiertos e interesados. Sólo hace falta ser breve y educado.
Y no es una perogrullada.
Les sorprendería la cantidad de emails que reciben los jefes de desarrollo sin una mísera presentación. Sólo un texto del tipo "Aquí envío mi guión”, el documento adjunto... Y ya. Algo equivalente a colarte en el guardarropa de los Goya a dejar copias de tu guión en el bolsillo de los abrigos.
Tampoco escasean los que llaman a las productoras diciendo que tienen un guión de comedia, pero una comedia divertida, no como esas mierdas que estáis haciendo. O los que insisten en enviar guiones de ciencia-ficción a gente como Elías Querejeta, y o viceversa: guiones de realismo social a Filmax.
En la mesa redonda del viernes por la tarde, Marta Artica resumía de forma bastante clara lo que ella entendía que debía hacerse para acercarse a una productora: lo primero, informarse. Saber con qué tipo de productora se está hablando. Al escribir un email, hay que hacer una pequeña presentación del proyecto. Nada especial, sólo dos o tres párrafos contando quién escribe, qué ha hecho, y qué tipo de película envía. Y después, si se tiene algún corto producido, enviarlo también. Y sobre todo, no hacerse ilusiones a corto plazo. Marisa Fernández lo llamaba muy agudamente síndrome de Operación Triunfo: hay demasiado pseudo-guionista que pretende hacerse rico y famoso antes de llenar las mil primeras páginas.
En conclusión: una experiencia positiva, si se toma (en palabras de Antonio Trashorras) como una “inversión a medio-largo plazo en materia de relaciones profesionales”. Según Jordi Gasull, de Columbia, la experiencia fue muy buena, y repetiría: abcguionistas le había ahorrado un montón de trabajo al seleccionarle los mejores de entre doscientos guiones, y organizarle una presentación en un solo día. No hay garantías de que alguno de ellos se produzcan. Pero tampoco faltan precedentes esperanzadores.
Háganme caso para la próxima vez: si tienen un guión, vayan a presentarlo. Si no lo tienen, o no les seleccionan, apúntense como observadores. Aquí se cuecen cosas. A fuego lento, pero se cuecen.
Y los que vayan a presentar, o para aquellos que lo pasaron mal presentando, repasen y pongan en práctica Los Diez Mandamientos del Pitching.
servido por pianistaenunburdel
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